Amalia
Amalia —Ellos no más, con los franceses, son los que meten toda esta bulla, y después se han de ir a vivir a su tierra y nos han de dejar en el pantano. ¡Porteños al fin! Si no los hubieran dejado entrar nunca, viviríamos mucho mejor. Pero el viejo, el viejo es quien tiene la culpa de todo esto.
—¡Así le han dado el pago! Véalos ahora, están furiosos con él, porque no pasa el Uruguay, y se va a hacer matar por ellos.
—¡Era lo que faltaba!
—Y ahora dicen que los franceses reclaman los cien mil pesos que le dieron para que pasase.
—¡Sí, yo les había de dar cien mil pesos!
—No pasó porque, mire usted, hizo muy bien en no pasar, porque con los porteños nadie puede entenderse, y el viejo no había de ir a ponerse a las órdenes de Lavalle.
—Claro está.
—Y ahora ya saben la falta que les ha hecho. Se los ha llevado el diablo en el Sauce Grande.
—Sí, pero todos estos de aquí han de decir que es mentira.
—¡Cabal! ¡Como se han hecho dueños de la prensa!
—¡Yo había de ser el gobierno, y habían de venir a escribir diarios!