Amalia
Amalia —No, Florencita, yo no voy al teatro. Pero he sabido que ha habido mucho entusiasmo: ¿ha estado usted, señor Belgrano?
—Pues mire usted, el día que yo vaya, por fuerza la voy a usted a buscar, y hemos de ir, ¿no es verdad?
—No te incomodes, niña, yo no voy al teatro —contestó la vieja, con un gesto de mal humor al ver que nadie, y especialmente Florencia, la dejaba conversar con Eduardo.
—El teatro es el centro más a propósito para expresa el entusiasmo de los pueblos —dijo Daniel.
—Sí, pero con tanta gritería no dejan oír la música —agregó Agustina.
—Esa grita es la más bella música de nuestra santa causa —dijo Daniel, con una cara la más seria del mundo.
—Cabal, eso es hablar, —dijo la vieja.
—Florencia, ¿por qué no toca usted el piano un momento?
—Ha tenido usted una buena idea, Amalia. Florencia, ve a tocar el piano.
—Bien, mamá. ¿Qué le gusta a usted, doña Josefa?
—Cualquiera cosa.