Amalia
Amalia Amalia le contestó apenas con un movimiento de cabeza, y volvió al sofá, pues sentía que después del violento esfuerzo que acababa de hacer, una especie de vértigo le anublaba la vista.
Victorica y Mariño hicieron una profunda reverencia y salieron por el gabinete a encontrar al comisario que los estaba esperando.
Y fue en el momento en que todos montaban a caballo, que Daniel bajó del suyo, y después de un cortés saludo a Victorica y Mariño entró a la casa de su prima, diciéndose a sí mismo:
«Malo. Empiezo a llegar tarde, y es mal agüero».
A su vez Mariño decía a Victorica:
—Éste lo debe saber todo. Éste es unitario, a pesar de su padre y de todo lo que hace.
—Sí, es necesario poner los ojos sobre él.
—Y el puñal —agregó Mariño, y tomaron el galope para la ciudad.