Amalia

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El cuerpo de la Mazorca, compuesto de 80 a 100 facinerosos, se distribuía desde la oración en partidas de 6 y de 8 hombres, que recorrían toda la noche la ciudad; sin hacer otra cosa hasta esos días, sin embargo, que registrar escrupulosamente a los que hallaban en la calle; llevarlos a la presencia de Salomón, si tenían armas, o insultarlos groseramente si no iban con gran divisa o con papeleta de «socio popular restaurador».

El inspector, general Pinedo, hacía los nombramientos de «jefe de día»; cargo que recaía siempre en alguno de los generales que, sin destino, permanecían en la ciudad.

Y esos jefes, acompañados de algunos ayudantes, recorrían la ciudad toda la noche, visitando los cuarteles para ver si se observaban las órdenes expedidas.

Pero ninguna época de la Federación hizo más tolerantes a sus hijos que estos días que estamos describiendo; es decir, aquellos en que el general Lavalle marchaba, aproximándose a la ciudad.

La Mazorca no hacía uso de sus armas, como hemos dicho.

Los jefes de día, en el curso de sus paseos nocturnos, solían llamar a alguna que otra puerta anatematizada desde mucho tiempo, y preguntaban con el mayor esmero si algo se ofrecía, si había alguna novedad, o aseguraban que no había nada que temer, etcétera.


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