Amalia

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Día 12. — A las ocho y cuarto de la mañana empezamos a marchar, y acampamos a las doce y cuarto de la misma en la estancia de Sosa. A las cuatro de la tarde, hora en que se acabó de carnear y comer, marchamos hasta las ocho de la noche, que acampamos. Este día y los anteriores se presentaron cerca de ciento cincuenta personas de aquellos lugares para unirse voluntariamente al ejército.

Día 13. — A las nueve y media de la mañana marchamos y acampamos en la estación de Pérez Millán, donde carneó el ejército. Este día se unió Sotelo al ejército con ciento cuarenta vecinos de Arrecifes, que venían a servir en el mismo.

Día 14. — A las cinco de la tarde marchamos, y acampamos a las siete y media de la noche en otra estancia de Pérez Millán.

—¿Usted ve ese hombre lo que está haciendo? —dijo don Felipe, dirigiéndose a Victorica y cruzando sus manos sobre el estómago, como era su costumbre.

—Sí, señor, veo con placer que no marcha tan recto ni tan pronto como le convendría.

—Pero marcha, y el día menos pensado se viene hasta la ciudad.

—Y ¿qué hemos de hacer? —contestó Victorica, riéndose interiormente del miedo que percibía en don Felipe.


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