Amalia
Amalia —Eso es.
—Pero, entretanto, yo vuelvo a pedir a Su Reverencia que no me eche en olvido en sus santas oraciones.
—Pierda usted cuidado.
—Entonces me despido de Su Reverencia y de toda la santa comunidad.
—Dios vaya con usted, hermano.
—Sí, madre, Dios venga conmigo en todas partes —dijo don Cándido, y salió del convento meditabundo y paso a paso.