Amalia
Amalia El primero era un hombre grueso, como de cuarenta y ocho años de edad, sus mejillas carnudas y rosadas, labios contraídos, frente alta pero angosta, ojos pequeños y encapotados por el párpado superior, y de un conjunto, sin embargo, más bien agradable pero chocante a la vista. Este hombre estaba vestido con un calzón de paño negro, muy ancho, una chapona color pasa, una corbata negra con una sola vuelta al cuello, y un sombrero de paja cuyas anchas alas le cubrirían el rostro, a no estar en aquel momento enroscada hacia arriba la parte que daba sobre su frente.
Los otros tres hombres eran jóvenes de veinticinco a treinta años, vestidos modestamente, y dos de ellos excesivamente pálidos y ojerosos.
El hombre de sombrero de paja leía un montón de cartas que tenía delante, y los jóvenes escribían.