Amalia
Amalia —He empezado por los del Retiro, y nos faltan todos los demás.
—¿Y se dirige usted ahora?
—Al fuerte.
—¡A que están dormidos!
—¡Toma! Alcaldes y jueces de paz ¡hágame usted el favor, qué soldados!
—Bien, general ¿qué camino va usted a llevar?
—El del Bajo, porque voy primero a la batería.
—Bien, nos encontraremos en la plazoleta del fuerte.
—Pero vamos juntos.
—No, general; voy a subir a la ciudad a acompañar a este amigo mío que pensó pasar la noche con nosotros, pero que se ha indispuesto.
—¡Toma! Si ustedes los mozos de ahora no sirven para maldita la cosa.
—Eso es lo mismo que yo le decía a usted esta mañana.
—No pueden pasar una mala noche.
—Ya usted lo ve.
—Bueno, vaya ligero, nos reuniremos en el fuerte; allí cenaremos.
—Hasta de aquí un momento, general.
—Ande pronto.