Amalia
Amalia —¡Yo les daré dulces! —exclamó Rosas, contrayendo sus labios, y dilatándose las ventanas de su nariz—. A ver —continuó dirigiéndose a otro de los escribientes que acababa de poner la pluma sobre el tintero—; a ver, deme usted la acta de Jujuy, de 13 del abril. Muy bien; lea usted ahora la copia de los nombres que la firman.
Y el escribiente leyó los siguientes nombres, mientras Rosas hacía el cotejo con los que estaban en la acta que tenía en su mano: «Roque Alvarado, Rufino Valle, Francisco N. Carrillo, Pedro José de Sarverri, Pedro Sáenz, Benito S. de Bustamante, José Ignacio de Guerrico, Ignacio Segurola, Isidro Graña, José Tello, Pedro Ferreira, Juan Arroyo, José Rodríguez, Pedro Jerez, Pascual Blas, Juan Bautista Pérez, Manuel Sagardia, Mariano Fernández, Manuel J. de Moral, José L. Villar, Hilarión Echenique, Blas Agudo, Pedro Antonio Gogénola, Pedro Alberto Puch, Restituto Zenarruza, Juan Manuel Gogénola, Tomás Games, Estanislao Echavarría, Gabino Pérez, Policarpo del Moral, Jacinto Guerrero, Rafael Alvarado, doctor Andrés Zenarruza, Gabriel Marquierguy, José Cuevas Aguirre, Antonio Valle, Sandalio Ferreira, Prudencio Estrada, Natalio Herrera, José Pío Ramos, Pedro Antonio de Aguirre, Carlos Aguirre, secretario».
—Está bien —dijo Rosas volviendo el acta al escribiente—. ¿Bajo qué rótulo va usted a poner esto?