Elementos fundamentales para la critica de la Economia Politica
Elementos fundamentales para la critica de la Economia Politica Carey, empero, cuyo punto de partida era la emancipación norteamericana de la sociedad burguesa con respecto al Estado, termina por postular la intervención estatal para que la influencia exterior no perturbe, tal como ha ocurrido de hecho en Norteamérica, el desarrollo puro de las relaciones burguesas. Es proteccionista, mientras que Bastiat es freetrader(5). En el mundo en su conjunto la armonÃa de las leyes económicas se presenta como desarmonÃa, y las primeras manifestaciones de esta desarmonÃa lo sorprenden al propio Carey en los Estados Unidos. ¿A qué obedece este fenómeno singular? Carey lo atribuye a la perniciosa influencia de Inglaterra, con sus miras al monopolio industrial sobre el mercado //846// mundial. Al principio las relaciones inglesas se habÃan visto dislocadas en el interior, por las falsas teorÃas de sus economistas. Ahora, hacia el exterior, Inglaterra, en su calidad de potencia que impera en el mercado mundial, disloca la armonÃa de las relaciones económicas en todos los paÃses del mundo. Es ésta una desarmonÃa real, y no una meramente fundada en la concepción subjetiva de los economistas. Lo que Rusia es polÃticamente para Urquhart[3], lo es económicamente Inglaterra para Carey. La armonÃa de las relaciones económicas se funda, según Carey, en la cooperación armónica de ciudad y campo, industria y agricultura. Esta armonÃa fundamental que Inglaterra ha abolido en su interior, la destruye por doquier, mediante su competencia, en el mercado mundial, convirtiéndose asà en el elemento destructivo de la_ armonÃa general. Unicamente los aranceles proteccionistas, esto es, la obstrucción violenta opuesta por la nación a la fuerza destructiva de la gran industria inglesa, pueden configurar una salvaguardia. De modo que el último refugio de las «harmonies économiques» es el estado, al que en un principio [95] se estigmatizaba como al único perturbador de esas armonÃas. Por una parte, Carey expresa aquÃ, una vez más, el desarrollo nacional determinado de los Estados Unidos, su oposición a Inglaterra y su competencia con ella. Ocurre esto bajo una forma ingenua: Carey propone a los Estados Unidos que destruyan el industrialismo difundido por Inglaterra, desarrollándolo más rápidamente dentro de sus fronteras por medio de aranceles proteccionistas. Aun dejando de lado esa ingenuidad, en Carey la armonÃa de relaciones de producción burguesas termina en la más absoluta desarmonÃa de estas relaciones, tal como se presentan en el terreno más grandioso, el mercado mundial, y en el más grandioso desarrollo como las relaciones entre naciones productoras. Todas aquellas relaciones(6) que, en el marco de lÃmites nacionales determinados o asimismo bajo la forma abstracta de relaciones generales de la sociedad burguesa, le parecen armónicas —concentración del capital, división del trabajo, sistema salarial, etc.—, le resultan inarmónicas cuando hacen su entrada en escena bajo su forma más desarrollada —bajo su forma correspondiente al mercado mundial—, como las relaciones internas que producen el dominio inglés sobre el mercado mundial y, que en cuanto efectos destructivos, son la consecuencia de esa dominación. Cuando en el ámbito de un paÃs la producción patriarcal cede la plaza a la industrial, eso es armónico, y al proceso de disolución que acompaña a ese desarrollo sólo se lo concibe en su aspecto positivo. Pero cuando la gran industria inglesa disuelve las formas patriarcales o pequeñoburguesas —u otras formas que se encuentran en niveles inferiores— de la producción nacional extranjera, eso resulta desarmónico. La concentración del capital en el seno de un paÃs y el efecto disolvente de esa concentración no le presentan más que un aspecto //847// positivo. Pero son inarmónicos el monopolio del capital inglés concentrado y sus efectos disolventes sobre los capitales nacionales, más pequeños, de otros pueblos. Lo que Carey no ha comprendido es que esas desarmonÃas del mercado mundial son únicamente las expresiones adecuadas últimas de las desarmonÃas que se [han] fijado en las relaciones abstractas, o que poseen una existencia local en la escala más reducida. No es de maravillarse que él, por otra parte, olvide el contenido [96] positivo de estos procesos de disolución —el único aspecto que examina en las categorÃas económicas en su forma abstracta, o en las relaciones reales en el ámbito de paÃses determinados de las cuales se abstraen aquéllas— en su manifestación plena correspondiente al mercado mundial. Donde se alzan ante él las relaciones económicas en su verdad, su optimismo de principios se le trastrueca en un pesimismo acusador y enconado. En esta contradicción radica la originalidad de sus escritos y ella les confiere su importancia. Carey es norteamericano tanto en su afirmación de la armonÃa en el seno de la sociedad burguesa como cuando afirma la desarmonÃa de las mismas relaciones bajo la forma que asumen en el mercado mundial. Nada de ello encontramos en Bastiat. La armonÃa de estas relaciones es un más allá que comienza exactamente donde terminan las fronteras francesas, un más allá existente en Inglaterra y Norteamérica. Es meramente la forma imaginaria, ideal, de las no-francesas relaciones angl[o]norteamericanas, no la real, tal como se le enfrenta en su propio suelo nacional. Por consiguiente, mientras que la armonÃa en modo alguno surge en él de la plenitud de una visión viva, sino que es más bien el producto artificioso(7) de una reflexión difusa y rÃgida, contradictoria, el único momento de la realidad es en él la exigencia al estado francés de abolir sus fronteras económicas. Carey advierte las contradicciones de las relaciones económicas no bien éstas se presentan como relaciones inglesas en el mercado mundial. Bastiat, que a la armonÃa meramente se la imagina, sólo la empieza a ver en su realización allà donde Francia termina y donde todos los elementos constitutivos de la sociedad burguesa, separados nacionalmente y liberados de la supervisión del Estado, compiten entre sÃ. Con todo, esta armonÃa final suya —supuesto de todas sus imaginarias armonÃas precedentes— es a su vez nada más que un mero postulado, al cual hay que realizar por intermedio de una legislación librecambista. Si a Carey, por ende, sin tomar en cuenta para nada el valor cientÃfico de sus investigaciones, le corresponde por lo menos el mérito de expresar en forma abstracta las magnas relaciones norteamericanas, //848// y precisamente en antÃtesis con el Viejo Mundo, el único trasfondo real en Bastiat serÃa la mezquindad de las relaciones [97] francesas, que por todas partes asoman las largas orejas por detrás de las armonÃas bastiáticas. Pero es un mérito superfluo, ya que las relaciones de un paÃs tan viejo son conocidas desde hace tiempo en lo más mÃnimo es necesario conocerlas a través de esa manera indirecta y negativa. Carey es rico en, por asà decirlo, investigaciones bona fide(8) dentro de la ciencia económica, por ejemplo en torno al crédito, la renta, etc. Bastiat se dedica únicamente a parafrasear tranquilizadoramente investigaciones que desembocan en el antagonismo; hypocrisy du contentement(9). La universalidad de Carey es la universalidad yanqui. La misma distancia lo separa de Francia que de China. Es siempre el hombre que habita a las costas del Océano PacÃfico y del Atlántico. La universalidad de Bastiat consiste en cerrar los ojos a la realidad de todos los paÃses. Como auténtico yanqui, Carey recopila de todos lados el voluminoso material que le ofrece el Viejo Mundo, no para conocer el alma inmanente de ese material y concederle al mismo, de esa suerte, el derecho a una vida peculiar, sino para elaborarlo como comprobante inanimado, como material indiferente que subordina a sus propios objetivos, a sus tesis abstraÃdas a partir de su punto de vista yanqui. De ahà su vagabundeo por todos los paÃses, su estadÃstica descomunal y acrÃtica, su erudición de catálogo. Bastiat, por el contrario, suministra una historia fantástica, presenta sus abstracciones(10) una vez bajo la forma de monserga y la otra bajo la forma de acontecimientos supuestos que, sin embargo, nunca han ocurrido en parte o tiempo alguno, asà como el teólogo presenta una vez al pecado como ley de la naturaleza humana, la otra como la historia de la primera caÃda. Ambos, por tanto, son igualmente ahistóricos y antihistóricos. Pero el momento ahistórico en Carey es el principio histórico del presente norteamericano, mientras que el elemento ahistórico en Bastiat no es más que reminiscencia de la manÃa generalizadora francesa del siglo XVIII. De ahà que Carey sea informe y difuso, Bastiat afectado y lógico-formal. Lo máximo que aporta son lugares comunes, expresados bajo la forma de paradojas, tallados en facettes. En Carey un par de tesis generales, establecidas á priori y bajo una forma axiomática. Y a continuación un material informe, recopilaciones a manera de [98] pruebas; el material de sus tesis carente de toda elaboración. En Bastiat el único material —si prescindimos de algunos ejemplos locales o de fenómenos comunes en Inglaterra, a los que adereza de manera fantástica— consiste en las tesis generales de los economistas. La antÃtesis fundamental de Carey es Ricardo, en dos palabras, los economistas ingleses modernos; la de Bastiat los socialistas franceses. //849//