La Comuna de Paris
La Comuna de Paris En cuanto esta asamblea de «rurales[12]» se congregó en Burdeos, Thiers expuso con claridad a sus componentes que había que aprobar inmediatamente los preliminares de paz, sin concederles siquiera los honores de un debate parlamentario, única condición bajo la cual Prusia les permitiría iniciar la guerra contra la República y contra París, su baluarte. En realidad, la contrarrevolución no tenía tiempo que perder. El Segundo Imperio había elevado a más del doble la deuda nacional y había sumido a todas las ciudades importantes en deudas municipales gravosísimas. La guerra había aumentado espantosamente las cargas de la nación y había devastado implacablemente sus recursos. Y para completar la ruina, allí estaba el Shylock[13] prusiano, con su factura por el sustento de medio millón de soldados suyos en suelo francés, y con su indemnización de cinco mil millones, más el 5 por ciento de interés por los pagos aplazados. ¿Quién iba a pagar esta cuenta? Sólo derribando violentamente la República podían los monopolizadores de la riqueza confiar en echar sobre los hombros de los productores de ésta las costas de una guerra que ellos, los monopolizadores, habían desencadenado. Y así, la incalculable ruina de Francia estimulaba a estos patrióticos representantes de la tierra y del capital a empalmar, ante los mismos ojos del invasor y bajo su alta tutela, la guerra exterior con una guerra civil, con una rebelión de los esclavistas.