La ideologia alemana
La ideologia alemana Como sabemos por August Becker, san Jorge Kuhlmann no tuvo suerte en su patria. Se traslada a Suiza, y encuentra aquí un «mundo nuevo», totalmente nuevo: las sociedades comunistas de los artesanos alemanes. Esto le gusta, e inmediatamente aborda el problema del comunismo y de los comunistas. Ha trabajado «siempre incansablemente», según nos cuenta de él August Becker, «por desarrollar su doctrina y elevarla a la altura de los grandes tiempos», es decir, se convierte entre los comunistas en comunista ad majorem Dei gloriam[331]. Hasta aquí, todo marchó bien. Ahora bien, uno de los principios más esenciales del comunismo, por el que se distingue de todo socialismo reaccionario, estriba en la concepción empírica, basada en la naturaleza del hombre, de que las diferencias referentes a la cabeza y a las capacidades intelectuales en general no condicionan de suyo las diferencias en cuanto al estómago y a las necesidades físicas; de que, por tanto, la tesis falsa, basada en nuestras condiciones actuales, de «a cada cual con arreglo a sus capacidades», debe transformarse, referida al disfrute en sentido estricto, en la tesis de a cada cual con arreglo a la necesidad; de que, dicho en otras palabras, la diferencia en cuanto a las actividades, a los trabajos, no justifica ninguna desigualdad, ningún privilegio en cuanto a la posesión y al disfrute.