La ideologia alemana
La ideologia alemana Pero el profeta no podía estar de acuerdo con esto, pues el privilegio, la preferencia, la cualidad del hombre escogido sobre todos los demás constituye precisamente el prurito del profeta: «Pero esto debe manifestarse y ser visible, pues de otro modo ello no es posible». Sin privilegios prácticos, sin un prurito sensible, el profeta no sería tal profeta, es decir, no sería un profeta práctico, sino solamente un devoto teórico, un filósofo. Por tanto, el profeta debe hacer comprender a los comunistas que la diferencia en cuanto a las actividades, en cuanto al trabajo sirve de base a una diferencia de valor y de dicha (o de disfrute, de merecimiento o de alegría, que todo es uno y lo mismo) y que, puesto que cada cual determina por sí mismo su dicha, lo mismo que su trabajo, en consecuencia, él, el profeta —tal es el meollo práctico de la revelación— puede reclamar para sí una vida mejor que el artesano común y corriente[332]. A través de este prisma, aparecen claros todos los pasajes oscuros del profeta: el de que la «posesión» y el «disfrute» de cada cual se ajustan a su «trabajo»; el de que el «trabajo» del hombre es la medida de sus «necesidades»; el de que, según eso, cada cual recibe el «valor» de su trabajo; el de que el «valor» se determina a su vez con arreglo a la necesidad; el de que el trabajo de cada cual «se contiene» en el valor y a cambio de él se puede adquirir lo que se apetezca; y, finalmente, el de que la «dicha» del elegido debe «manifestarse y ser visible», ya que no es «posible» de otro modo. Todos estos absurdos cobran ahora un sentido.