La ideologia alemana
La ideologia alemana San Bruno no mueve ni un dedo para refutar a sus dos adversarios. Recurre, para desembarazarse de ellos, a un medio más hábil, que es el de abandonarlos —divide et impera—[49] a su propia disputa. A Stirner le opone el hombre de Feuerbach, p. 124, y a Feuerbach el único de Stirner, pp. 126 y ss.; sabe que la furia del uno contra el otro es tan grande como la de los dos gatos de Kilkenny en Irlanda, que se devoraron el uno al otro sin que, al final de la pelea, quedaran más que los rabos. Y, acerca de estos rabos, pronuncia san Bruno el juicio de que son «sustancia» y de que, por tanto, se hallan condenados por toda una eternidad.