La ideologia alemana
La ideologia alemana «El cristianismo debe considerarse como un “extranjero sobre la tierra”» (Hebr. 11, 13), p. 23. Y a la inversa, los extranjeros sobre la tierra (engendrados por causas extraordinariamente naturales, por ejemplo, por la gigantesca concentración de la riqueza en todo el mundo romano, etc.) debían considerarse necesariamente como cristianos. No era su cristianismo el que hacía de ellos vagabundos, sino su vagabundaje el que los convertía en cristianos. En la misma página, vemos cómo el santo varón salta de la Antígona de Sófocles y de la santidad de la sepultura relacionada con ella, al Evangelio de san Mateo 8, 22 (dejad que los muertos entierren a sus muertos), mientras que Hegel, por lo menos en su Fenomenología del Espíritu, pasa gradualmente de Antígona, etc., al romanticismo. Con el mismo derecho habría podido san Max pasar directamente a la Edad Media y oponer a los cruzados, con Hegel, aquella sentencia bíblica o incluso, para ser verdaderamente original, contrastar el enterramiento de Polinices por Antígona con el traslado de Santa Elena a París de la urna con las cenizas de Napoleón. Y se dice, además: «En el cristianismo se expone la inquebrantable verdad de los lazos familiares» (que en la p. 22 se consigna como una de las «verdades» de los antiguos) «como una falta de verdad de la que no sabríamos desembarazarnos demasiado pronto (Marc. 10, 29), y así en todo», p. 23. Esta tesis, en la que de nuevo se vuelve del revés la realidad, debe enderezarse del modo siguiente: la carencia efectiva de verdad de los lazos familiares (acerca de esto habría que consultar todavía los documentos que aún se conservan de la legislación romana anterior al cristianismo) es expuesta por el cristianismo como una verdad inquebrantable, «y así en todo».