La ideologia alemana

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Este santo escamoteador presupone que el espíritu crea lo espiritual, para deducir de ello que se crea a sí mismo, en cuanto espíritu, y de otra parte lo presupone como espíritu para llegar, partiendo de aquí a sus creaciones espirituales (que, «según el mito, se reproducen por sí mismas» y se convierten en espíritus). Hasta aquí, archiconocidas frases ortodoxo-hegelianas. El desarrollo realmente «único» de lo que san Max se propone decir comienza en rigor con su ejemplo. En efecto, cuando Jacques le bonhomme ya no puede seguir adelante, cuando ni siquiera con el «se» ni el «ello» pueden sacar de nuevo a flote su barca encallada, Stirner llama en su auxilio a su tercer siervo, al «tú», que no le deja nunca en la estacada y en el que sabe que puede confiar para que le saque de los mayores apuros. Este «tú» es un individuo con el que ya no es la primera vez que nos encontramos, un devoto y fiel jornalero al que hemos visto salir de todos los trances, uno de esos operarios de la villa del señor a quienes nada asusta y que no retroceden ante nada: es, para decirlo con una palabra, Szeliga[80]. Cuando Stirner se ve muy apurado, grita: ¡Szeliga, auxilio!, y el fiel escudero Szeliga arrima enseguida el hombro para sacar el carro del atranco. Más adelante, tendremos ocasión de decir más acerca de las relaciones entre san Max y Szeliga.



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