La ideologia alemana

La ideologia alemana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después de habernos ocupado antes durante algún tiempo del malabarismo consistente en sacar de nada algo, de pronto nos encontramos del modo más «natural» del mundo con un individuo que es algo más que espíritu, es decir, que es algo, y quiere convertirse en espíritu puro, es decir, en nada. Y este problema, mucho más fácil (el de convertir algo en nada) trae enseguida de nuevo ante nosotros toda la historia del adolescente que «tiene que empezar por buscar el espíritu consumado», y nos basta con recurrir de nuevo a las viejas frases de las pp. 17-18, para salir de todos los apuros. Sobre todo, contando con un criado tan obediente y leal como Szeliga, a quien Stirner puede atribuirle el que así como él, Stirner, llevado por «el entusiasmo del espíritu», «pierde fácilmente» (!) «la facultad de escuchar y de ver», así también él, Szeliga, «anhela, ahora, con todas sus fuerzas convertirse en espíritu», en vez de estar dotado de él; es decir, desempeña ahora el papel del adolescente de la p. 18. Y Szeliga, convencido de ello, obedece temblando y lleno de santo temor; obedece cuando san Max le grita con voz tonante: el espíritu es tu ideal, tu dios; haz esto y haz aquello y lo de más allá; ahora, «te indignas», ahora «dices», ahora «puedes imaginarte» esto o lo otro, etc. Cuando Stirner le imputa que «el espíritu puro es otro, pues que él» (Szeliga) «no lo es», solamente un Szeliga está realmente en condiciones de creérselo y de repetir con él, como un papagayo, palabra por palabra, toda esa necedad. Por lo demás, el método de que se vale Jacques le bonhomme para amasar esta necedad ya ha sido analizado detenidamente a propósito del adolescente. En vista de que te das perfecta cuenta de que eras algo más que matemático, anhelas llegar a ser todo tú matemático, desaparecer en la matemática, el matemático es tu ideal, matemático es el nombre de tu dios; dices con rabia: soy menos que matemático, solo puedo representarme al matemático, y puesto que yo no lo soy tiene que serlo otro, tiene que existir otro que lo sea y a quien yo llamo «dios». Otro que no fuera Szeliga diría: déjame en paz.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker