La ideologia alemana
La ideologia alemana Introducción a la visión de los espíritus. Lo primero que hay que hacer es convertirse en un Satán archinecio, es decir, transmutarse en un Szeliga, y luego hablarse a sí mismo como san Max habla a este Szeliga: «¡Mira al mundo en torno tuyo y di por ti mismo si no te contempla en todo un espíritu!». Una vez que se consigue imaginar esto, los espíritus se presentan «fácilmente» por sí mismos, en la «flor» se ve solamente al «creador», en las montañas «al espíritu de lo sublime», en el agua «el espíritu del anhelo» o el anhelo del espíritu y se oye cómo «en los hombres hablan millones de espíritus». Y cuando se llega hasta este punto, se puede ya exclamar con Stirner: «Sí, andan duendes por el mundo entero», desde donde «no es difícil avanzar», p. 93, dando un paso más, hasta esta otra exclamación: «¿Solamente en el mundo? No, es el mundo mismo el que se nos aparece como un fantasma». (En vuestro discurso, si debe ser sí y no, no; lo que vaya más allá de eso será malo, será un salto lógico). El mundo «es el cuerpo aparente de un espíritu que se mueve, es un fantasma». Después de esto, «mira» tranquilamente cerca o lejos, y verás que «te rodea un mundo fantasmal… verás espíritus». Y con esto podrás darte por satisfecho, si eres hombre vulgar y corriente; pero si crees poder compararte con Szeliga, podrás mirar también dentro de ti mismo y no deberás «asombrarte» si, con este motivo y al llegar a esta altura, descubres la szeligaidad de que también «tu espíritu es un fantasma que anda en tu cuerpo», de que tú mismo eres un fantasma que «espera su redención, es decir, un espíritu». Con lo que habrás llegado hasta el punto de poder ver en «todos» los hombres «espíritus» y «fantasmas», y así, la visión de los espíritus habrá alcanzado «su propósito final», pp. 46-47.