La ideologia alemana
La ideologia alemana Por lo demás, en todo este capítulo no hay nada de notable más que el desplazamiento de una montaña histórica por obra de la fe de san Max. Dice, en efecto, en la p. 56, que «en todos los tiempos vemos que solo en gracia a una esencia superior se es honrado, considerado como un espectro que representa a una persona santificada, es decir» (¡es decir!) «a una persona protegida y reconocida». Si colocamos en su verdadero lugar esta montaña removida de su sitio simplemente por la fe, deberá decir: solamente en gracia a las personas protegidas, es decir, que se protegen a sí mismas, y privilegiadas, es decir, que se rodean de privilegios ellas mismas, se adoraba a los seres superiores y se santificaba a los espectros. San Max se imagina, por ejemplo, que en la antigüedad, en que cada pueblo era mantenido en cohesión por condiciones e intereses materiales, por ejemplo, por la hostilidad entre las diferentes tribus, etc., en que, por la escasez de las fuerzas productivas, cada cual tenía que ser esclavo o sostener esclavos, etc., en que, por tanto, había un «interés natural» (Wigand, p. [162]) en pertenecer a un pueblo; que, en aquellos tiempos, el concepto de pueblo o «la esencia pueblo» era lo que creaba por su propia virtud estos intereses; y que en los tiempos modernos, en que la libre concurrencia y el mercado mundial crean el hipócrita cosmopolitismo burgués y el concepto del hombre, es, a la inversa, la construcción filosófica a posteriori del hombre la que engendra aquellas condiciones como «revelaciones» suyas, p. 51. Y lo mismo en cuanto a la religión, el reino de las esencias, que considera como el único reino, pero acerca de cuyas esencias no sabe nada, pues si supiese algo sabría que ella, en cuanto tal religión, carece de esencia y de reino propios. En la religión, los hombres convierten su mundo empírico en una esencia puramente concebida, imaginaria, que se enfrenta a ellos como algo extraño. Y esto no puede explicarse, en modo alguno, partiendo de otros conceptos, partiendo de «la autoconciencia» y demás zarandajas, sino de todo el modo anterior de producción y de intercambio, que es algo tan independiente del concepto puro como el invento de la self-acting mule[83] y el tendido de ferrocarriles lo fue de la filosofía hegeliana. Y si se empeña en hablar de una «esencia» de la religión, es decir, de un fundamento material de esta no esencia, no debe buscarla ni en la «esencia del hombre» ni en los predicados de dios, sino en el mundo material, anterior a todas y cada una de las fases del desarrollo religioso (cfr., «Feuerbach»).