La ideologia alemana
La ideologia alemana La historia única ocurre, al comienzo, en la Stoa de Atenas, más tarde casi exclusivamente en Alemania y, por último, junto al Kupfergraben de Berlín, donde ha levantado su castillo el déspota de «la filosofía o la época moderna». Ya por esto solo puede verse qué asunto exclusivamente nacional y local es el que aquí se trata. En vez de la historia universal, san Max nos sirve unas cuantas glosas, extraordinariamente pobres y torcidas, además, acerca de la historia de la teología y la filosofía alemanas. Y si alguna que otra vez salimos en apariencia del marco de Alemania, es exclusivamente para ver cómo los hechos y los pensamientos de otros pueblos, por ejemplo la Revolución francesa, «alcanzan su propósito final» en Alemania, y precisamente junto al Kupfergraben. Solo se citan hechos de la nación alemana, se los examina y concibe a la manera nacional alemana y el resultado es, naturalmente, un resultado nacional alemán. Pero, no solo esto. La concepción y la cultura de nuestro santo no solo son alemanas, sino que son, además, en todo y por todo, berlinesas. El papel que se asigna a la filosofía hegeliana es el mismo que esta filosofía desempeña en Berlín, y Stirner confunde a la capital de Prusia con el mundo y su historia. El «adolescente» es un berlinés, y los buenos burgueses con que nos encontramos a lo largo del libro son filisteos sacados de una cervecería de Berlín. Partiendo de semejantes premisas, solo puede llegarse, naturalmente, a resultados encerrados dentro de horizontes nacionales y locales. Stirner y toda su cofradía filosófica, cuyo miembro más endeble y más ignorante es él mismo, suministran el comentario práctico a aquel inteligente versillo del inteligente Hoffmann von Fallersleben: