La ideologia alemana
La ideologia alemana El estado de Alemania al final del siglo pasado se refleja de un modo completo en la CrÃtica de la razón práctica de Kant. Mientras que la burguesÃa francesa, gracias a la revolución más gigantesca que conoce la historia, se elevó al poder y conquistó el continente europeo, y mientras que la burguesÃa inglesa emancipada revolucionó la industria y sometió polÃticamente a la India y comercialmente al resto del mundo, los impotentes burgueses alemanes solo consiguieron remontarse a la «buena voluntad». Kant se daba por contento con la simple «buena voluntad» aunque no se tradujera en resultado alguno, y situaba en el más allá la realización de esta buena voluntad, la armonÃa entre ella y las necesidades y los impulsos de los individuos. Esta buena voluntad de Kant corresponde por entero a la impotencia, a la pequeñez y a la miseria de los burgueses alemanes, cuyos mezquinos intereses no han sido nunca capaces de desarrollarse hasta convertirse en los intereses comunes, nacionales, de una clase, razón por la cual se han visto constantemente explotados por los burgueses de todas las demás naciones. A estos mezquinos intereses locales correspondÃan, de una parte, la real limitación local y provincial de horizontes y, de otra, la arrogancia cosmopolita de los burgueses alemanes. Toda la trayectoria alemana, desde la Reforma, cobra un carácter totalmente pequeñoburgués. La vieja nobleza feudal fue, en su mayor parte, destruida por las guerras de los campesinos; todo lo que de ella quedó en que fueron, bien los diminutos prÃncipes sometidos directamente al imperio, y que fueron conquistándose poco a poco cierta independencia e imitando a la monarquÃa absoluta en las pequeñas y mÃnimas proporciones de las ciudades, o terratenientes todavÃa más diminutos, que en parte aportaban sus reducidos patrimonios a las pequeñas cortes, para vivir luego de pequeños puestos en los pequeños ejércitos y en las oficinas del Estado, o bien hidalgüelos cuyo género de vida habrÃa avergonzado al más modesto squire inglés o gentilhomme de province[96] francés. La tierra se cultivaba de un modo que no era el régimen de la parcelación ni el del gran cultivo y que, a pesar de persistir el vasallaje y las prestaciones feudales, jamás impulsó a los campesinos a la emancipación, tanto porque este tipo de explotación no permitÃa que surgiera una clase activamente revolucionaria como porque no tenÃa a su lado la burguesÃa revolucionaria correspondiente a una clase campesina de esas caracterÃsticas. Por lo que a los burgueses se refiere, no podemos hacer otra cosa que destacar aquà dos o tres rasgos significativos. Es caracterÃstico que la manufactura del lienzo, es decir, la industria que descansa sobre la rueda de hilar y el telar de mano, llegase a adquirir cierta importancia en Alemania coincidiendo precisamente con el momento en que estos toscos instrumentos eran desplazados en Inglaterra por las máquinas. Pero lo más significativo son sus relaciones con Holanda. Holanda, el único miembro de la Hansa[97] que llegó a adquirir una importancia comercial, se desprendió de ella, aisló a Alemania del comercio mundial con excepción de dos puertos (Hamburgo y Bremen) y pasó a dominar desde entonces todo el comercio alemán. Los burgueses alemanes eran demasiado impotentes para poder poner coto a la explotación por parte de los holandeses. La burguesÃa de la pequeña Holanda, con sus desarrollados intereses de clase, era más poderosa que los burgueses de Alemania, mucho más numerosos, pero carentes de intereses o dominados por intereses mezquinos y desperdigados. Y a esta dispersión de los intereses correspondÃa la dispersión de la Organización polÃtica del paÃs, los pequeños principados y las ciudades libres del Imperio. ¿De dónde iba a recibir la concentración polÃtica un paÃs en el que faltaban todas las condiciones económicas para ella? La impotencia de cada uno de los campos de la vida (no se puede hablar de estamentos ni de clases, sino a lo sumo de estamentos pretéritos y de clases futuras) no permitÃa a ninguno de ellos conquistar la hegemonÃa exclusiva. Y ello traÃa como necesaria consecuencia el que, durante la época de la monarquÃa absoluta, que aquà revestÃa la forma más raquÃtica, una forma semipatriarcal, aquella esfera especial a la que se le asignó por la división del trabajo la administración de los intereses públicos adquiriera una anormal independencia, llevada todavÃa más hacia adelante con la moderna burocracia. El Estado se constituyó, asÃ, como un poder en apariencia independiente y ha conservado hasta hoy, en Alemania, esta posición que en otros paÃses es puramente transitoria, una fase de transición. Partiendo de esta posición se explica tanto la honrada conciencia burocrática, que en otros paÃses no se da nunca, como todas esas ilusiones acerca del Estado que en Alemania se abren paso, y la aparente independencia que en este punto adoptan los teóricos con respecto a los burgueses, la aparente contradicción entre la forma en que estos teóricos defienden los intereses de la burguesÃa y los intereses mismos.