La ideologia alemana
La ideologia alemana Ahora, habiendo conquistado ya su yelmo «para el hombre», se encara con este, se conduce hacia él como hacia su «más irreconciliable enemigo» y le declara sin andarse con ambages (el porqué, lo veremos más tarde) que él (san Sancho) no es «el hombre», sino «el no hombre, lo inhumano». Y, convertido así en «lo inhumano», se dirige a Sierra Morena, para prepararse por medio de penitencias y expiaciones, para la magnificencia del Nuevo Testamento. Una vez allí, se quedó «desnudo como ha venido al mundo», p. 184, con objeto de cobrar su propia personalidad y superar con ello a lo que su predecesor hace en el capítulo XXV de la obra de Cervantes: «Y desnudándose con toda priesa los calzones, quedó en carnes y en pañales, y luego, sin más ni más, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió su escudero la rienda a Rocinante». Pero «lo inhumano» supera con mucho a su profano modelo. «Se vuelve resueltamente la espalda a sí mismo, con lo que, al mismo tiempo, se vuelve de espaldas al inquietante crítico» y «lo deja estar». «Lo Inhumano» se enzarza luego en una disputa con la crítica a la que ha dejado plantada, «se desprecia a sí mismo», «se piensa en comparación con otro», «ordena a dios», «busca fuera de sí mismo su yo mejor», hace penitencia por no ser todavía único, se declara como lo único, «lo egoísta y lo único», a pesar de que no necesitaba ya declararlo, después de haberse vuelto resueltamente la espalda a sí mismo. Todo esto ha conseguido hacer de sí mismo «lo inhumano» (véase Pfister, Geschichte der Teutschen[140]), después de lo cual marcha, cabalgando sobre su rocín, purificado y triunfante, hacia el reino del único.