La ideologia alemana
La ideologia alemana —La miel no se ha hecho para el gaznate de los asnos —replicó Sancho—. A su tiempo lo verás, mujer. Lo que desde ahora puedo asegurarte es que nada hay en el mundo tan agradable como el honor de buscar aventuras como un egoÃsta uno consigo mismo y escudero del Caballero de la Triste Figura. Es cierto que la mayor parte de las aventuras con que uno se encuentra no son de aquellas que «llegan a su último propósito», «de modo satisfactorio para los apetitos humanos» («tal como el hombre querrÃa»)[256], pues de ciento con que uno se encuentra noventa y nueve suelen acabar mal. Yo lo sé por experiencia, ya que de algunos he salido molido y de otras molido y apaleado. De todos modos, no cabe duda de que es una cosa bien hermosa, pues se satisface, desde luego, la «única» aspiración, que es la de vagabundear por toda la historia, la de citar todos los libros del gabinete de lectura de BerlÃn, la de tener un refugio etimológico nocturno en todas las lenguas, la de falsear hechos polÃticos en todos los paÃses, la de retar fanfarronamente a todos los dragones y avestruces, trasgos, demonios del campo y «fantasmas», batirse con todos los filósofos y padres de la iglesia y, al ajustar las cuentas, pagar con su propio cuerpo (cfr., Cervantes, I, cap. LII).