La Sagrada Familia
La Sagrada Familia A los ojos del señor Szeliga, la cultura y la civilización se confunden con la cultura aristocrática. No puede ver, por lo tanto, que la industria y el comercio fundan reinos universales muy diferentes a los que fundan el cristianismo y la moral, la felicidad de las familias y el bienestar de los burgueses. Pero ¿cómo llegamos al notario Jacobo Ferrand? Muy simplemente.
El señor Szeliga transforma el cristianismo en una cualidad individual: la «devoción», y la moral en otra cualidad individual: la «honestidad». Reúne estas dos cualidades en un solo individuo, a quien bautiza Jacobo Ferrand, porque Jacobo Ferrand no posee esas dos cualidades, pero las simula simplemente. Desde entonces, Jacobo Ferrand es el «misterio de la devoción y de la honestidad». El testamento de Ferrand es, al contrario, el «misterio de la devoción y de la honestidad aparentes»; ya ni es más, pues, el misterio de la devoción y de la honestidad. Para poder hacer de ese testamento un misterio, la crítica crítica estaba obligada a declarar a la devoción y la honestidad aparentes como el misterio de ese testamento y no, inversamente, al testamento como misterio de la honestidad aparente.