La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Cuando la crítica de la Facultad de Teología «confiesa, además, que ha faltado intencionalmente, que con libre premeditación y después de reflexión madura cometió el error» —(toda su vida, toda su experiencia, todos sus actos devienen para la crítica una producción libre, pura e intencional de su reflexión)—, esa confesión del crítico no tiene más que una «apariencia imperfecta» de verdad. Puesto que la «crítica de los sinópticos» se coloca enteramente en el terreno teológico y es absolutamente crítica teológica, el señor Bauer, profesor (Privatdozent) de Teología, estaba en condiciones de escribirla y enseñarla sin cometer ni «falta ni error». Falta y error más bien incumbían a las facultades de teología que no comprendieron con qué rigor el señor Bauer mantuvo su promesa, la promesa hecha en su Crítica de los sinópticos (tomo I, prólogo, p. XXIII). «Cualesquiera sean la intrepidez y el espacio que la negación pueda parecer que tiene en este primer volumen, recordamos que lo realmente positivo no puede nacer más que si la negación es seria y general. Al fin resultará que la crítica más devorante es la única que está en condiciones de enseñar al mundo la fuerza creadora de Jesús y de su principio». Con intención separa el señor Bauer al Señor Jesús y a su principio, a fin de elevar el sentido positivo de su promesa por encima de toda apariencia de ambigüedad. Y el señor Bauer ha enseñado tan real y claramente la fuerza «creadora» del Señor Jesús y de su principio, que su «conciencia infinita» y el «espíritu» no son otra cosa que creaciones cristianas.