La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Abramos primero la Kritik der Synoptiker: «Strauss permanece fiel al punto de vista según el cual la sustancia es lo absoluto. Bajo esta forma de la generalidad que todavía no ha alcanzado la precisión real y racional de la generalidad, o que no puede ser alcanzada más que en la conciencia del yo, en el carácter particular e infinito de este conocimiento, la tradición no es otra cosa que la sustancia surgida de su simplicidad lógica y que ha revestido, como poder de la comunidad, una forma de existencia precisa» (I, prólogo, p. VI).
Abandonemos a su desgraciada suerte a la «generalidad que ha alcanzado su precisión», al «carácter particular e infinito», vale decir, a la concepción hegeliana. En lugar de decir que la idea expuesta en la teoría de Strauss sobre el «poder de la comunidad» y la «tradición» tiene su expresión abstracta, su representación lógica y metafísica, en la concepción spinozista de la sustancia, el señor Bauer nos dice que «la sustancia surgida de su simplicidad lógica ha revestido, como poder de la comunidad, una forma de existencia precisa». Hace un llamamiento al arreo milagroso de Hegel que hace surgir las «categorías metafísicas» —las abstracciones extraídas de la realidad—, de la lógica, donde se encuentran resueltas en la «simplicidad» de la idea, y las hace revestir con una «forma precisa» de la existencia física o humana en una palabra, las hace encarnarse. ¡Socorro, Hinrichs!