Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion El trabajador produce el capital, el capital le produce a él; es decir, que el trabajador se produce a sà mismo y el producto de todo el proceso es el hombre como trabajador, como mercancÃa: un hombre que no es nada más que trabajador y, en cuanto tal, no tiene cualidades humanas nada más que para servir a capitales ajenos. Pero como ambos no tienen que ver entre sà y, por tanto, se hallan en una relación de indiferencia, exterioridad y casualidad, su mutua enajenación tenÃa que aparecer también en la realidad. Es decir, que en cuanto el capital se decide —por necesidad o por capricho— a prescindir del trabajador, este deja de existir para sà mismo, se queda sin trabajo, o sea sin salario, y puesto que no existe como hombre sino como trabajador, ya puede dejarse enterrar, morirse de hambre, etcétera. El trabajador existe como tal únicamente mientras es capital para sà mismo, y sólo lo es mientras hay un capital para él. La existencia del capital es su existencia, su vida, y el capital determina el contenido de esa vida sin preocuparse de ella. De ahà que la economÃa nacional no sepa nada del trabajador en paro, del hombre-de-trabajo una vez fuera del contexto laboral. El pÃcaro, el vagabundo, el mendigo, el hombre-de-trabajo cuando se halla en paro, se muere de hambre, se halla en la miseria y se criminaliza, es una figura que no existe para la economÃa nacional sino sólo para otros ojos: los del médico, el juez, el sepulturero, el guardia. Es un espectro fuera de los dominios de la economÃa nacional. Por tanto, para ésta las necesidades del trabajador se reducen a la de mantenerle durante el trabajo y en la medida en que sea preciso para que no se extinga la raza trabajadora. En consecuencia, el salario tiene el mismo sentido que el mantenimiento y cuidado de cualquier otro instrumento productivo y, más en general, que el consumo de capital preciso para que éste se reproduzca con réditos, lo mismo que hay que echarles aceite a las ruedas para que sigan moviéndose.