Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Por eso, si ahora, al final de un año pasado aquí, echo la vista atrás para evocar lo que he hecho durante este año, contestando así, queridísimo padre, a tu muy amada carta desde Ems, debes permitirme que me pare un poco a contemplar cómo veo yo la vida, como expresión de un afán espiritual que cobra forma en todas las direcciones, en la ciencia, el arte y los asuntos privados.
Cuando os dejé, se había abierto para mí un mundo nuevo, el mundo del amor, que era en sus comienzos un mundo embriagado de nostalgias y un amor sin esperanza. Incluso el viaje a Berlín, que siempre me había encantado y exaltado incitándome a la intuición de la naturaleza e inflamando mi goce de la vida, me dejó esta vez frío y hasta visiblemente disgustado, pues las rocas que veía no eran más sombrías ni más abruptas que los sentimientos de mi alma; las animadas ciudades no pulsaban con tanta fuerza como mi misma sangre, ni las mesas de las hosterías aparecían tan recargadas de manjares más indigeribles aún que los de mi fantasía. Y el arte, por último, no igualaba en belleza a mi Jenny ni de lejos.
Al llegar a Berlín, rompí todas las relaciones que hasta entonces había cultivado y me dediqué con desgana a visitar lugares raros, tratando de sumergirme en la ciencia y en el arte.