Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Se manifestaba aquí, de un modo muy perturbador, la misma contradicción entre la realidad y el deber ser característica del idealismo y que sería la madre de la siguiente clasificación, desmañada y falsa. En la base estaba algo que yo muy benévolamente llamaba «la metafísica del derecho», es decir, principios, reflexiones, definiciones de conceptos al margen de todo derecho real y de toda forma real del derecho, como vemos en Fichte, sólo que en mí de un modo más moderno y más carente de contenido. En mi estudio todo adoptaba la forma acientífica del dogmatismo matemático, en el que el espíritu ronda en torno a la cosa razonando aquí y allá, sin que la cosa se encargue de desplegarse ella misma como algo rico y vivo, sino presentándose de antemano como un obstáculo para comprender la verdad. El triángulo deja que el matemático lo construya y lo demuestre como una mera representación dentro del espacio, sin llegar a desarrollarse bajo otras formas, pues para que adquiera estas hay que relacionarlo con otras cosas. Entonces vemos cómo da distintos resultados como resultado de lo ya expuesto y asume diferentes relaciones y verdades. Pero en la expresión concreta del mundo de pensamientos vivos que son el derecho, el Estado, la naturaleza, toda la filosofía, es necesario detenerse a escuchar atentamente al objeto mismo en su desarrollo, sin empeñarse en insertar en él clasificaciones arbitrarias, sino dejando que su razón inherente siga su curso contradictorio y encuentre en sí misma su propia unidad.