Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Claro está que la poesía no podía ser para mí más que un acompañamiento, pues tenía que estudiar jurisprudencia y sentía, ante todo, la necesidad de ocuparme de la filosofía. Y combiné ambas cosas, leyendo en parte a Heinecke, Thibaut y las fuentes sin el menor espíritu crítico, simplemente como un escolar; por ejemplo, traduciendo al alemán los dos primeros libros de las Pandectas y tratando, al mismo tiempo, de construir una filosofía del derecho que abarcara todo el campo jurídico. Bosquejé como introducción unas cuantas tesis metafísicas e hice extensivo este desventurado opus al derecho público; en total, un trabajo de cerca de trescientos pliegos.