Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Mientras las revoluciones de 1648 y 1789 rebosaban un infinito orgullo por hallarse en la cima de la creación, la ambición de los berlineses de 1848 era un anacronismo. Su luz era como la que llega a nosotros, los habitantes de la Tierra, desde las estrellas lejanas 100 000 años después de haberse apagado el astro que la emitía. La Revolución de Marzo en Prusia era, en miniatura —como todo en ella—, una de esas estrellas para Europa. Su luz era la del cadáver de una sociedad putrefacta desde hacía mucho tiempo.