Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Al convertir su fosa en cuna de la república burguesa, el proletariado obligaba a ésta a manifestarse en su forma pura, como el Estado cuyo fin confesado es eternizar la dominación del capital y la esclavitud del trabajo. Viendo constantemente ante sí a su enemigo, lleno de cicatrices, irreconciliable e invencible —invencible, porque su existencia es la condición de la propia vida de la burguesía—, la dominación burguesa, libre de todas las trabas, tenía que trocarse de inmediato en terrorismo burgués. Y una vez eliminado el proletariado provisionalmente de la escena y reconocida oficialmente la dictadura burguesa, las capas medias de la sociedad burguesa, la pequeña burguesía y la clase campesina, a medida que su situación se hacía más insoportable y crecía su antagonismo con la burguesía, tenían que unirse cada vez más al proletariado. Lo mismo que antes encontraban en el auge de éste la causa de sus miserias, ahora tenían que encontrarla en su derrota.
Cuando la insurrección de junio hizo engreírse a la burguesía en todo el continente y la llevó a aliarse abiertamente con la monarquía feudal contra el pueblo, ¿quién fue la primera víctima de esta alianza? La misma burguesía continental. La derrota de junio le impidió consolidar su dominación y hacer detenerse al pueblo, mitad satisfecho mitad disgustado, en el escalón más bajo de la revolución burguesa.