Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Pero bajo la monarquía absoluta, durante la primera revolución, bajo Napoleón, la burocracia no era más que el medio para preparar la dominación de clase de la burguesía. Bajo la Restauración, bajo Luis Felipe, bajo la república parlamentaria, era el instrumento de la clase dominante por mucho que ella aspirase también a su propio poder absoluto.
Es bajo el segundo Bonaparte cuando el Estado parece haber adquirido una completa autonomía. La máquina del Estado se ha consolidado ya de tal modo frente a la sociedad burguesa que basta con que se halle a su frente el jefe de la Sociedad del 10 de Diciembre, un caballero de industria venido de fuera y llevado en andas por una soldadesca embriagada, a la que compró con aguardiente y salchichón y a la que tiene que arrojar constantemente salchichón. De aquí la pusilánime desesperación, el sentimiento de la más inmensa humillación y degradación que oprime el pecho de Francia y contiene su aliento. Francia se siente como deshonrada.
Y sin embargo, el poder del Estado no flota en el aire. Bonaparte representa a una clase que es, además, la clase más numerosa de la sociedad francesa: los aparceros.
El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852)