Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion En cuanto a la seriedad, si no ha de encajar en aquella definición de Tristram Shandy según la cual es un comportamiento hipócrita del cuerpo para encubrir los defectos del alma, sino significar una seriedad real, vuelve del revés todo el precepto. Para tratar seriamente lo ridículo hay que tratarlo ridículamente, y la más seria inmodestia del espíritu consiste en ser modesto ante la inmodestia.
¡Serio y modesto! ¡Qué conceptos tan fluctuantes y tan relativos!
¿Dónde termina la modestia y comienza el orgullo? Debemos atenernos al temperamento del censor. Y tan falso sería prescribir al censor un temperamento como querer imponer al escritor un estilo. Si queréis ser consecuentes en vuestra crítica estética, debéis prohibir también investigar la verdad demasiado seriamente y demasiado modestamente, pues la excesiva seriedad es lo más ridículo de todo y la excesiva modestia la más amarga de las ironías.
Observaciones sobre la reciente instrucción prusiana acerca de la censura (1842)