Llamando a las puertas de la Revolucion

Llamando a las puertas de la Revolucion

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En primer lugar, quiero explicarle brevemente mis relaciones con Lassalle. Durante toda su campaña de agitación, nuestras relaciones quedaron interrumpidas: primero, a causa de sus fanfarronadas y sus jactancias que no le impedían plagiar, al propio tiempo, sin vergüenza alguna, mis (nuestras) obras; segundo, porque yo CONDENABA su táctica POLÍTICA, y tercero, porque le había explicado con lujo de detalles y «demostrado», aquí mismo en Londres, ANTES de que iniciara su campaña de agitación, que no tenía sentido alguno creer que el ESTADO PRUSIANO pudiera emprender una acción SOCIALISTA directa. En las cartas que me escribió, entre 1848 y 1863, así como en nuestras entrevistas personales, siempre había declarado que se adhería al Partido que yo represento. Pero en cuanto se convenció, en Londres (fines de 1862), de que no podía seguir haciendo CONMIGO su jueguito, decidió hacerse el «dictador obrero» CONTRA MÍ y contra el viejo partido. A pesar de todo, reconocí sus méritos de agitador aunque, hacia el final de su breve carrera, su agitación misma se me presentó con un cariz cada vez más equívoco. Su súbita muerte, nuestra vieja amistad, los ruegos de la condesa Hatzfeld, la irritación provocada por LA COBARDÍA Y LA INSOLENCIA de los órganos burgueses para con aquel que tanto habían temido en vida, todas estas razones me impulsaron a publicar una breve declaración contra ese miserable de Blind; pero mi declaración no hacía referencia en absoluto al contenido de la acción de Lassalle. Fue la Hatzfeld la que envió la declaración al Nordstern. Por estas mismas razones, y con la esperanza de poder dejar de lado los elementos que me parecían peligrosos, prometí, al igual que Engels, colaborar en el Social-Demokrat (este periódico publicó una traducción del Manifiesto y yo accedí a su solicitud de redactar, a la muerte de Proudhon, un artículo sobre este último); y permití que la redacción nos considerara como sus colaboradores después de que Schweitzer nos enviara el PROGRAMA DEL PERIÓDICO, QUE ERA SATISFACTORIO. Además, el hecho de que W. Liebknecht fuera miembro no oficial de la redacción constituía para nosotros una garantía. Sin embargo, pronto se descubrió —y tuvimos en nuestro poder las pruebas de ello— que Lassalle, en realidad, había TRAICIONADO al Partido. Había concluido un verdadero contrato con Bismarck (y, naturalmente, sin tener EN MANO LA MENOR GARANTÍA). Debía ir, a fines de septiembre de 1864, a Hamburgo, y allí (junto con el loco de Schramm y el soplón prusiano de Marr) OBLIGAR a Bismarck a anexarse Schleswig-Holstein, es decir, a proclamar esa anexión en nombre de los «obreros», etcétera. A cambio de eso Bismarck había prometido el sufragio universal y alguna scharlatanerien socialista. ¡Lástima que Lassalle no haya podido llevar esta comedia hasta el final! ¡Se hubiera puesto en ridículo de mala manera y hubiera demostrado hasta qué punto se había dejado estafar! ¡Todos los intentos de este tipo habrían finalizado para siempre!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker