Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Lassalle se dejó llevar por ese falso camino porque era un realpolitiker al estilo de Miquel, pero con más envergadura y con objetivos más considerables. By the way, hacía mucho tiempo que yo tenía calado a Miquel: yo me explicaba su actitud por el hecho de que la Deutsche Nationalverein ofreció un magnífico pretexto, para un abogadillo de Hannover, de salir de sus cuatro paredes y hacerse oír por toda Alemania. Esperaba más tarde hacer valer su persona en su propia Hannover y, además, hacerse el Mirabeau «hannoveriano» bajo la protección de Prusia. Así como Miquel y sus amigos actuales han agarrado por los cabellos la «nueva era» inaugurada por el príncipe regente de Prusia para jugar a la unión nacional y aferrarse al «grupo de primera línea: Prusia»; así como ellos han proclamado su «fiereza burguesa» bajo la protección de Prusia; asimismo Lassalle quería llegar a ser el marqués de Posa del proletariado con Felipe II de Brandeburgo, y con Bismarck alcahuete entre él y la monarquía prusiana. Por lo demás, no hacía sino imitar a los señores de la Unión nacional. Pero mientras estos últimos apelaban a la «reacción» prusiana en interés de la clase media, Lassalle tendió la mano a Bismarck en interés del proletariado. En cierto sentido, la actitud de esos señores era más justificada que la de Lassalle: el burgués está acostumbrado a considerar que la «realidad» es su propio interés más inmediato, el que encuentra justo delante de sus narices. Además, es una clase que siempre ha aceptado, en realidad, algún compromiso, incluso con los feudales, mientras que la clase obrera, por la naturaleza misma de las cosas, sólo puede ser sinceramente «revolucionaria».