Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Vuelvo a tomar el hilo interrumpido más arriba. Acabado de fundar el Social-Demokrat, se descubrió que la vieja Hatzfeld pretendía hacer suyo el «testamento» de Lassalle. Estaba relacionada con Bismarck a través de Wagener, del Kreuz-Zeitung. Puso al «Arbeiterverein» (Allgemeinen Deutschen), al Social-Demokrat, etcétera, a disposición de Bismarck. La anexión de Schleswig-Holstein debía de proclamarse en el Social-Demokrat, había que aceptar el patronato de Bismarck, etcétera. Todos estos lindos planes se vinieron abajo por la presencia de Liebknecht en Berlín, en la redacción del Social-Demokrat. Aunque la forma en que se hacía el periódico no nos gustaba, ni a Engels ni a mí, y a pesar del culto zalamero del que Lassalle era objeto, del coqueteo con Bismarck, etcétera, era naturalmente más importante en aquel momento no romper públicamente con el periódico para poder frustrar las intrigas de la vieja Hatzfeld e impedir que el Partido Obrero se viera totalmente comprometido. De modo que hicimos bonne mine a mauvais jeu[41], sin dejar de escribir constantemente privatim al Social-Demokrat que debía luchar tanto contra Bismarck como contra los progresistas. Tuvimos incluso que soportar las intrigas de Bernhard Becker (ese presumido, pagado de sí mismo), que se tomaba en serio la importancia que Lassalle le había atribuido por testamento contra la INTERNATIONAL WORKINGMEN’S ASSOCIATION.