Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Ayer se discutió en el consejo de la Internacional sobre la guerra actual[46]. Se había anunciado con anticipación y nuestra habitación se llenó de gente. Los señores italianos enviaron también de nuevo a sus representantes. Los debates se redujeron, como era de esperar, al problema de las «nacionalidades» en general y de nuestra actitud ante él. El viernes próximo continuará la discusión sobre este asunto.
Los franceses, que eran muchísimos, no ocultaron su sincera antipatía hacia los italianos.
Los representantes de la «joven Francia» (no obreros) defendieron el punto de vista de que toda nacionalidad y la propia nación son «prejuicios anticuados». Stirnerismo proudhoniano. Dividir todo en pequeños «grupos» o «comunas» que forman después una «alianza», pero no un Estado. Y mientras se produce esta «individualización» de la humanidad y se desarrolla el correspondiente «mutualismo», la historia deberá detenerse en todos los demás países y el mundo entero habrá de esperar a que los franceses maduren para la revolución social. Entonces harán ante nuestros ojos este experimento y todo el mundo restante, vencido por la fuerza de su ejemplo, hará lo mismo. Eso es precisamente lo que esperaba Fourier de su falansterio ejemplar. En general, los que complican el problema «social» con «supersticiones» del mundo viejo son «reaccionarios».
