Llamando a las puertas de la Revolucion

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El valor de cambio aparece, en primer lugar, como la razón cuantitativa, la proporción en la cual se cambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase, relación que cambia constantemente con el tiempo y el lugar. Por eso el valor de cambio parece cosa del azar y puramente relativa, y un valor de cambio interior a la mercancía, inmanente (valeur intrinsèque) se presenta como una contradictio in adjecto. Contemplemos el asunto más de cerca.

Cierta mercancía, por ejemplo, un quarter de trigo, se cambia por x betún para las botas, o por y de seda o por z de oro, etcétera, en suma, por todas las demás mercancías en las más diversas proporciones. Así pues, el trigo tiene múltiples valores de cambio en vez de uno solo. Pero como x de betún, igual que y de seda y que z de oro, etcétera, son el valor de cambio de un quarter de trigo, x de betún, y de seda, z de oro, etcétera, tienen que ser valores de cambio sustituibles unos por otros, valores de cambio de la misma magnitud. De eso se deduce, primero: los vigentes valores de cambio de una misma mercancía expresan una misma cantidad. Y segundo: el valor de cambio no puede ser, por principio, más que el modo de expresión, la «forma de aparición» de un contenido distinguible de él.



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