Llamando a las puertas de la Revolucion

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No nos hace falta remontarnos a la forma espontánea que encontramos en el umbral de la historia de todos los pueblos cultos para considerar el trabajo común, esto es, el trabajo inmediatamente socializado. La industria patriarcal rural de una familia campesina que produzca trigo, ganado, hilado y tejido, prendas de vestir, etcétera, para su propio uso constituye un ejemplo más cercano. Todas esas cosas diferentes se presentan a la familia como diferentes productos de su trabajo familiar, pero en cambio no se enfrentan unas a otras como mercancías. Los diferentes trabajos productores de esas cosas —agricultura, ganadería, hilado, tejido, cosido, etcétera— son ya en su forma natural funciones sociales porque son funciones de la familia, la cual posee su propia división espontánea del trabajo no menor que la producción mercantil. Las diferencias de sexo y edad y las condiciones naturales que cambian con el paso de las estaciones regulan la división del trabajo en familia y el tiempo de trabajo de sus distintos miembros. Pero el gasto de las fuerzas de trabajo individuales, medido por el tiempo, aparece aquí por sí mismo como determinación social de los trabajos, porque las fuerzas de trabajo individuales no actúan por su propia naturaleza más que como órganos de la común fuerza de trabajo de la familia.



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