Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion […] El dinero constituye, por consiguiente, el punto de partida y el punto final de todo proceso de valorización. Eran 100 libr. est., ahora son 110 libr. est., etcétera. Pero el dinero mismo no vale aquà sino como una forma del valor, pues tiene dos de ellas. El dinero no se hace capital si no asume la forma mercancÃa. AquÃ, pues, el dinero no se enfrenta polémicamente con la mercancÃa, como en el atesoramiento. El capitalista sabe que todas las mercancÃas, por andrajoso que sea su aspecto o por mal que huelan, son, por fe y en verdad, dinero […], medios milagrosos para hacer de dinero más dinero.
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Comprar para vender, o dicho más completamente, comprar para vender más caro: D – M – D’ parece, ciertamente, la forma peculiar sólo de una especie de capital, el capital del comerciante. Pero también el capital industrial es dinero que se transforma en mercancÃa y que, mediante la venta de mercancÃa, se retransforma en más dinero. Los actos que pueden ocurrir entre la compra y la venta fuera de la esfera de la circulación no alteran en nada este movimiento. Por último, en el capital que devenga interés, la circulación D – M – D’ se representa resumida en su resultado y sin mediación; en estilo lapidario, por asà decirlo, como D – D’, como dinero que es al mismo tiempo más dinero, valor que es mayor que él mismo.