Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Cuando el capitalista coloca en fuerza de trabajo una parte de su capital, valoriza al hacerlo su capital global. Mata dos pájaros de un tiro. Se beneficia no sólo de lo que recibe del trabajador, sino también de lo que le da. El capital enajenado a cambio de fuerza de trabajo se convierte en medios de vida cuyo consumo sirve para reproducir músculos, nervios, huesos, cerebro de los trabajadores existentes y para engendrar nuevos trabajadores. Por eso, dentro de los límites de lo absolutamente necesario, el consumo individual de la clase obrera es la reconversión de los medios de vida gastados por el capital a cambio de fuerza de trabajo en fuerza de trabajo explotable por el capital. Es producción y reproducción del medio de producción más imprescindible para el capitalista: el trabajador mismo. El consumo individual del trabajador no deja, pues, de ser un momento de la producción y reproducción del capital, ocurra dentro o fuera del taller, fábrica, etcétera, dentro o fuera del proceso de trabajo, exactamente igual que la limpieza de la máquina, ocurra durante el proceso de trabajo o durante determinadas pausas del mismo. No afecta en nada al asunto el que el trabajador consuma individualmente para sí mismo y no por amor al capitalista. Del mismo modo, el consumo de la bestia de carga no deja de ser un momento necesario del proceso de producción por el hecho de que el animal disfrute de lo que come. La constante conservación y reproducción de la clase obrera es siempre condición constante de la reproducción del capital. El capitalista puede confiar tranquilamente su cumplimiento al instinto de conservación y reproducción de los trabajadores.