Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion El monje veneciano Ortes, uno de los mayores autores económicos del siglo XVIII, concibe el antagonismo de la producción capitalista como una ley natural general de la riqueza social:
El bien y el mal económicos están en una nación siempre en la misma medida (il bene e il male económico in una nazione sempre all’istessa misura), la abundancia de bienes en algunos es siempre igual a la falta de ellos en otros (la copia dei beni in alcuni sempre eguale alla mancanza di essi in altri). La gran riqueza de los unos está siempre acompañada por privación absoluta de lo necesario para muchos otros más. La riqueza de una nación corresponde a su población, y su miseria corresponde a su riqueza. La laboriosidad de los unos impone el ocio a los otros. Los pobres y los ociosos son fruto necesario de los ricos y los activos.
Unos diez años después de Ortes, Townsend, el cura protestante de la Alta Iglesia, glorificaba la pobreza de forma muy grosera como condición necesaria de la riqueza.
La constricción legal de trabajar lleva aparejada demasiada fatiga, demasiada violencia y demasiado ruido, mientras que el hambre no sólo es una presión pacífica, callada e incesante, sino que además, en cuanto motivo, el más natural de la industria y el trabajo, suscita el esfuerzo más intenso.