Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Todo estriba en mantener permanentemente el hambre en la clase obrera, y de eso se encarga, según Townsend, el principio de la población, particularmente activo entre los pobres.
Parece ley natural que los pobres sean hasta cierto punto imprevisores (improvident) —a saber, tan imprevisores que vienen a este mundo sin su cuchara de oro en la boca—, de modo que siempre pueda haber algunos (that there always may be some) para cumplir las funciones más serviles, más sucias y más vulgares de la comunidad. Con eso aumenta mucho el acopio de felicidad humana (the fund of human happiness); los más delicados (the more delicate) se ven liberados de pejigueras y pueden dedicarse tranquilamente a su vocación superior. […] La Ley de pobres tiende a destruir la armonÃa y la hermosura, la simetrÃa y el orden de este sistema que han erigido en el mundo Dios y la Naturaleza.
Mientras que el monje veneciano hallaba en la sentencia del destino que eterniza la miseria la justificación de la existencia de la caridad cristiana, del celibato, de los conventos y de las fundaciones pÃas, el prebendado protestante ve en aquella sentencia, por el contrario, el pretexto para condenar las leyes por las cuales tenÃa el pobre derecho a una escasa asistencia pública.