Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Los trabajadores no han avanzado al mismo paso que el progreso de los inventos; se les han hecho accesibles cantidades de objetos que no saben usar y para los cuales, por consiguiente, no crean mercado alguno (todo capitalista desea, naturalmente, que el trabajador compre su mercancía). No hay motivo para que el trabajador no desee tanto confort como el clérigo, el abogado y el médico que ganan la misma cantidad que él (¡realmente esta categoría de abogados, clérigos y médicos tendrá que contentarse con desear mucho confort!). Pero no lo desea. El problema sigue siendo cómo elevar al trabajador en cuanto consumidor mediante un proceder racional y sano; no es ningún problema fácil, pues toda su ambición se limita a la reducción de sus horas de trabajo, y el demagogo le estimula mucho más a eso que a elevar su situación mejorando sus capacidades intelectuales y morales. (Reports of H. M.’s Secretaries of Embassy and Legation on the Manufactures, Commerce etcetera, of the countries in which they reside, Londres, 1879, p. 404).