Llamando a las puertas de la Revolucion

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Cuanto más se desarrolla la producción en general como producción de mercancías, más quiere y debe cada uno convertirse en vendedor de mercancías, hacer dinero sea con producto, sea con sus servicios —cuando su producto, debido su naturaleza, sólo existe bajo la forma de servicio—, y ese hacer dinero aparece como el objetivo último de todo género de actividad. En la producción capitalista, por un lado, la producción de los productos como mercancías, y por otro, la forma del trabajo como trabajo asalariado, se absolutizan. Una serie de funciones y actividades envueltas otrora por una aureola y consideradas como fines en sí mismas, que se ejercían de manera honoraria o se pagaban oblicuamente —como todos los profesionales (professionals), médicos, abogados (barristers), etcétera, en Inglaterra, que no podían o no pueden querellar para obtener el pago de sus honorarios—, por una parte se transforman directamente en trabajos asalariados, por diferente que pueda ser su contenido y su pago; por la otra caen —su evaluación, el precio de estas diversas actividades, desde la prostituta hasta el rey— bajo las leyes que regulan el precio del trabajo asalariado. No corresponde examinar aquí este último punto, sino hacerlo en un análisis especial sobre el trabajo asalariado y el salario. Ahora bien, este fenómeno, el de que con el desarrollo de la producción capitalista todos los servicios se transforman en trabajo asalariado y todos sus ejecutantes en asalariados, teniendo en consecuencia esa característica en común con el trabajador productivo, induce tanto más a la confusión entre unos y otros porque es un fenómeno característico de la producción capitalista y generado por la misma.


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