Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion En su disolución, la sociedad feudal había dejado al descubierto su fundamento: el hombre; pero, en realidad, este fundamento era el hombre egoísta.
Este hombre, el miembro de la sociedad burguesa, es pues la base, el presupuesto del Estado político. Tal base es la reconocida por el Estado político en los derechos humanos.
Pero la libertad del hombre egoísta y el reconocimiento de esta libertad es, a su vez, el reconocimiento del movimiento desenfrenado de los elementos espirituales y materiales que constituyen su contenido vital.
Así que el hombre no se liberó de la religión; obtuvo la libertad de religión. No se liberó de la propiedad, obtuvo la libertad de propiedad. No se liberó del egoísmo de los negocios, obtuvo la libertad en ellos.