Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion «Entiéndasenos bien»; nosotros no queremos «renunciar a nuestro partido ni a nuestro programa, pero consideramos que tenemos trabajo para muchos años si aplicamos todas nuestras fuerzas y todas nuestras energías a lograr ciertos objetivos inmediatos, que deben ser conseguidos por encima de todo antes de ponernos a pensar en tareas de mayor alcance». Y entonces los burgueses, los pequeñoburgueses y los obreros, que «ahora se asustan […] de nuestras reivindicaciones de largo alcance», vendrán a nosotros en masa.
No se renuncia al programa; lo único que se hace es aplazar su realización… por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptación no es en realidad para uno mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino sólo para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto «todas las fuerzas y todas las energías» se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del régimen capitalista, para dar la impresión de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesía. Es preferible mil veces la conducta del «comunista» Miquel, quien para demostrar su seguridad inquebrantable de que la sociedad capitalista ha de hundirse inevitablemente al cabo de unos cuantos siglos, especula cuanto puede y contribuye en la medida de sus fuerzas al crac de 1873, con lo que realmente hace algo para preparar el fin del régimen actual.