Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Llegamos a la misma conclusión si tomamos como punto de partida, no la distribución de los productos creados, sino el acto de la producción. En la gran industria, Pedro no puede fijar libremente por sí mismo el tiempo de su trabajo, porque el trabajo de Pedro no es nada sin el concurso de todos los Pedros y de todos los Pablos que integran el personal de la empresa. Esto explica mejor que nada la porfiada resistencia que los fabricantes ingleses opusieron al bill de la jornada de diez horas. Sabían muy bien que una disminución de dos horas en la jornada de las mujeres y de los jóvenes debía acarrear igualmente una disminución del tiempo de trabajo de los hombres. La propia naturaleza de la gran industria requiere que el tiempo de trabajo sea igual para todos. Lo que hay es resultado de la acción del capital y de la competencia entre los obreros, mañana, aboliendo la relación entre el trabajo y el capital, será logrado por efecto de un acuerdo basado en la relación entre la suma de las fuerzas productivas y la suma de las necesidades existentes.
Mas semejante acuerdo es la condenación del intercambio individual, o sea que llegamos de nuevo a nuestro primer resultado.