Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia El concepto de trabajo lo toma también Rodbertus sin discernimiento, tal como figura en los economistas. Es más, si bien hace una breve alusión a las diferencias en la intensidad del trabajo, concibe éste en su aspecto más general como algo que «posee valor» y, por consiguiente, mide valor, indistintamente de que el trabajo se emplee o no en condiciones sociales medias y normales. No se trata en esa obra de si los productores invierten diez dÃas o uno solo en la fabricación de un artÃculo que puede ser preparado en un dÃa, de si emplean mejores o peores instrumentos, de si aprovechan su tiempo de trabajo con el fin de producir artÃculos socialmente indispensables y en la cantidad necesaria para la sociedad o fabrican artÃculos de los que no hay demanda alguna o artÃculos de los que hay demanda, pero en cantidad mayor o menor de la requerida; de nada de esto se trata: el trabajo es trabajo, productos de igual cantidad de trabajo deben cambiarse unos por otros. Rodbertus, siempre dispuesto en otras cuestiones, venga o no venga a cuento, a adoptar el punto de vista de la nación en conjunto y a examinar las relaciones entre los productores desde las alturas del punto de mira general social, en este caso evita hacerlo, lleno de pusilanimidad. Y, naturalmente, evita hacerlo porque desde la primera lÃnea de su libro cae de lleno en la utopÃa de los bonos de trabajo, y todo análisis de la propiedad que el trabajo tiene de crear valor atajarÃa el curso de las ideas del actor con verdaderos arrecifes, haciéndolo impracticable. El instinto de Rodbertus ha sido esta vez mucho más fuerte que su capacidad de entregarse a razonamientos abstractos, capacidad que, dicho sea de paso, sólo se puede descubrir en Rodbertus a condición de poseer una indigencia mental muy concreta.